Valentina estaba convencida de algo mientras caminaba hacia su casa ese día: que el rechazo era por ella. Por su embarazo. Por no encajar en la imagen perfecta que muchos esperaban dentro del hospital. Creía que las miradas, los silencios incómodos y la distancia repentina eran una forma de castigo silencioso. Pensaba que, una vez más, la estaban juzgando sin conocer su historia, sin entender el peso que cargaba sola.
Pero estaba equivocada. Muy equivocada.
La verdad era otra, mucho más complej