Cuando logró serenarse por completo y dejar atrás el episodio del día, tomó el teléfono y llamó a Nicolás. Necesitaba hablarlo con alguien que lo conociera de verdad.
Le contó todo con lujo de detalle.
Decir que su amigo estaba sorprendido era quedarse corto. Nicolás no podía creer lo que estaba escuchando. Mucho menos después de todos los discursos que Agnes había dado durante meses sobre la libertad, la soltería, el respeto. Se sentía tonto. Él, que se consideraba un hombre libertino y experi