UN MES DESPUÉS
Bajando de aquel auto que solo podía ser manejado por la misma persona de confianza que solo podía ser de una mujer tan perversa como ella, la misma que así como había sufrido hasta morir era la misma que se levantaba de las cenizas y renacía ahora solo para ser peor de lo que fue cuando su única hija vivía.
—Déjame aquí —dijo Gertrudis haciendo a que Manuel detuviera el auto negro frente a las puertas de aquella gran casa. La de los Vital —. Espera aquí hasta que salga.
—Lo qu