Camioneta negra que había llegado y de la que bajaba Gertrudis. Esa iba a ser la última vez que ella se iba a presentar ante su hija para decirle lo mucho que la iba a extrañar pero nunca lo arrepentida que podía estar por no haber estar con ella pues para Gertrudis eran todos culpables menos ella.
—Ya vengo, Humberto, de aquí necesito que me lleves con los inversionistas, todo tiene que comenzar, ¿está listo todo para el trabajito que me prometiste?
—Sí, mi señora, ya está todo listo para impl