_ Yo también te amo, Ugo, es inútil que intente ocultarlo.
Jovanna se volvió de frente a Ugo en la cama y lo beso en la penumbra.
_ No juegues con fuego, Jovanna.
_ ¿Y si deseo quemarme? _ le dijo ella y él la beso como solo un demonio podía hacerlo, con una ternura mesclada con rastros de una pasión venenosa. Delicado y al mismo tiempo con la dosis exacta de agresividad, como si intentara contener el ansia que sentía por tenerla.
_ ¿Estás segura de esto, Conti? _ le dijo mientras le abría la c