Denayt.
No podía explicar con palabras la felicidad que sentí en el momento que recibí ese reconocimiento.
Era mío. Mío y de nadie más.
Por primera vez, yo había logrado algo que nunca se me pasó ni en sueños.
Sentí un nudo en la garganta, pero me negué a dejarlo salir. Una vez en mi habitación lloré, pero eran lágrimas de felicidad. A pesar de lo que estaba por llegar, sentía felicidad y ese momento era mío, un abrigo en medio de tanto frío.
Era una simple hoja, sí, pero significaba mucho más: