Me miró de pies a cabeza.
Sí. Parecía una desquiciada.
Empapada, descalza, el cabello pegado al rostro, el maquillaje regado por todas partes. Luego miró a Declan como si con la mirada le preguntara ¿por qué la trajiste? Declan hizo un gesto claro: no pude evitarlo. Gabriel suspiró.
Le pidió a Declan que me buscara un café y me guió hasta los muebles del pasillo.
—No es buena idea que estés aquí —susurró.
Ni siquiera me di cuenta en qué momento mis ojos se cristalizaron.
Mis manos empezaron a