**NATALY**
Se abrió paso a empujones, ignorando las miradas de desprecio de las condesas venecianas. Mi hermano me recorrió de arriba abajo: la seda vino líquido, el rojo en mis labios y, sobre todo, los diamantes negros que apretaban mi garganta.
—Suéltenlo —ordenó Gabriele a mi lado.
Su voz ruda y cavernosa congeló a los guardias de inmediato. La mano de Valtieri bajó de nuevo a mi cintura, un gancho de acero que me pegó a su costado antes de que mi hermano pudiera dar un paso más.
—¿Qué demo