Bárbara decidió terminar la llamada con Connor porque no quería que él se quedara hablando con ella. No quería escucharlo ni un segundo más. No quería hablar con nadie en realidad. Su corazón estaba hecho trizas, como si cada palabra pronunciada por él fuese un cuchillo que se clavaba más hondo en sus entrañas.
Dejó caer el teléfono entre sus manos temblorosas. Sus lágrimas, ardientes y pesadas, corrían por su rostro sin descanso. Se sentía prisionera en una tormenta emocional que no tenía fin.