Mundo ficciónIniciar sesiónEl jet privado cortaba el cielo nocturno a velocidad de crucero, con las luces de cabina apagadas y solo las luces de emergencia proyectando un resplandor azul tenue sobre los asientos de cuero. Dentro, el silencio era casi absoluto, roto solo por el zumbido constante de los motores y el leve ronroneo del aire acondicionado.
Viktor, Dimitri y Carl ocupaban la zona delantera de la cabina, lejos de donde habían estado horas antes con sus familias. Ahora no había niños jugando, no había mujeres riendo bajito, no había mantas ni chocolate caliente. Solo tres hombres que ya no fingían la calma. Viktor estaba sentado en el asiento de la ventana, con los codos en las rodillas y la mirada fija en la oscuridad exterior. No veía nada: ni nubes, ni estrellas. Solo veía nombres... Krasnova Volkov, Yuri, los fantasmas del pasado, Anastasia Volkov, el padre de ella... Los hombres que habían tirado la cabeza de paloma en el ventanal de Carl. Los que habían dejado notas en el terreno de RUBCOL. Todo era una mezcla de cacofonía en su cabeza, un caleidoscopio de problemas tras problemas, de que haber sido un mafioso en el pasado, ese pasado seguirá viniendo un ay otra y otra vez hasta hacerle daño a los que más quiere, a quienes lo rodean, y es algo que él no se puede permitir. Dimitri que estaba frente a él, con el portátil abierto y un mapa digital de Moscú y sus alrededores proyectado en la pantalla, miró un momento a su amigo, sabía por lo que estaba pasando, más que nada entiende que él es el más afectado. Carl, quien iba al lado, estaba ajeno al tumultuoso revoltijo de Viktor, centrado en sus propios pensamientos y planes, revisaba fotos de las notas extorsionadoras en su teléfono, ampliándolas una y otra vez como si las letras recortadas pudieran revelar algo nuevo. Viktor rompió el silencio primero, voz baja pero afilada. —Llegamos en cuatro horas. Aterrizamos en el campo privado a 40 kilómetros de la ciudad. Nadie nos espera ahí, tampoco nadie sabe que regresaremos, el piloto tiene instrucciones de no registrar el vuelo. Desde ahí… directo a Moscú. Primero a la mansión de Carl, revisaremos el perímetro, las cámaras, los sensores y si dejaron algo más… lo investigaremos. Carl levantó la vista. —Elena y Misha están seguros en la cabaña. Ana me mandó mensaje hace una hora: todo tranquilo. Sofía durmió bien. Los niños creen que estamos ‘cerrando papeles de la escuela’ y ya terminaro de hacer las primeras tareas. Nadie sospecha. Pero… si Krasnova sabe que nos fuimos… puede haber dejado ojos en el camino. O en el aeropuerto. Dimitri negó con la cabeza, sin apartar los ojos del mapa. —No en el aeropuerto privado. Ese lugar está blindado. Mis hombres lo vigilan desde hace años. Nadie entra sin que lo sepamos. Pero en Moscú es diferente, tiene tentáculos, contactos viejos y gente que debe favores, si sabe que estaremos de vuelta… va a intentar golpearnos antes de que nosotros podamos hacer algo. Viktor se inclinó hacia adelante. —Entonces no le daremos tiempo, llegamos rápido, nos instalamos en un piso franco que tengo en el centro. Nada lujoso por supuesto. Nada que llame la atención. Desde ahí… primero contactamos con el negociador de RUBCOL. Lo llamamos y le preguntaremos si han recibido más amenazas, si han amenguado, si los obreros volvieron o si alguien los ha contactado de nuevo, si ha habido algún movimiento en el terreno, todo en detalle, todo nos sirve, cualquier cosa ahora, cada huella sospechosa y cada mensaje, nos servirá. Carl asintió. —El capataz me mandó mensaje hace dos horas: siguen parados. Nadie ha vuelto a trabajar, dicen que tienen miedo de que si no pagan… no regresan. Y que la última nota fue clara: ‘el plazo vence viernes’. Mañana es viernes. Viktor apretó la mandíbula. —No habrá ningún movimiento de dinero, si pagan, van a volver y lo harán más fuerte, con más poder, y ahí sería jodido para nosotros, así que nosotros llegaremos primero al terreno esta misma noche, revisaremos todo, cada Cámara y cada huella, cualquier cosa que hayan dejado y si hay alguien vigilando… lo atraparemos vivo. Quiero hablar con él. Quiero nombres. Quiero saber dónde está Krasnova. Dónde se esconde y donde duerme. Dimitri cerró el portátil con un clic decisivo y satisfactorio. —Mis contactos en la FSB ya rastrearon el número de la llamada anterior. Termina en un edificio abandonado en las afueras de Tel Aviv pero no es el centro, es una fachada, la verdadera base está en otro lugar. Un complejo privado en Herzliya, hay seguridad alta y guardias las 24 horas, con cámaras de alta resolución y gran detalle aunque no impenetrable, tengo un hombre dentro. Un guardia que debe favores. Puede darnos planos. Turnos. Accesos. Si Krasnova está ahí… la encontramos. Si no… seguimos el rastro. Carl miró a los dos. —¿Y si no está en Israel? ¿Y si ya está aquí? ¿Y si la anciana que pasó por el jardín no era solo un aviso… sino la avanzada? Viktor se levantó y caminó hasta la ventana de la cabina y miró la oscuridad. —Entonces la encontraremos aquí en Moscú. En sus escondites viejos. En los lugares donde Volkov tenía propiedades, tengo direcciones, nombres de exsocios, tengo gente que habla si se les pone presión. No va a esconderse mucho tiempo, no cuando sabe que la estamos buscando. Dimitri se levantó también. —Entonces el orden es claro: llegamos. Nos instalamos. Revisamos el terreno de RUBCOL. Hablamos con el capataz y el negociador. Averiguamos si hay más amenazas. Si los obreros volvieron. Si alguien los ha contactado, si hay movimiento y después… vamos por los escondites de Volkov, uno por uno hasta que demos con ella, o con alguien que hable. Carl se puso de pie también, con decisión y firmeza. —Estoy dentro y no me quedo atrás, Elena y Misha están seguros en la cabaña, Ana los cuida, Pero yo necesito terminar esto, por ellos, por mi hijo que viene, por mi familia. Viktor extendió la mano. —Entonces los tres estamos juntos, sin dudas, y ya no vamos a retroceder, vamos a terminar con Krasnova. Y volveremos antes de que ellas se den cuenta de que nos fuimos. Dimitri puso su mano encima pesadamente apoyando a Viktor. —Ya no hay vuelta atrás, amigos— dijo con una sonrisa a medio lado. Carl la pone después, esta vez como más entusiasmo que antes, y esta vez, sintió la misma vibra que Dimitri y logra sonreír de lado. —Ya no reteocederemos. Los tres se quedaron en silencio, con las manos unidas sobre el escritorio, El jet siguió volando hacia el destino de Moscú, hacia la caza, el final de una amenaza que había durado demasiado tiempo escondida ya va a culminar, se acabará ese imperio, como una colmena que se inunde de agua. Y mientras las luces de la cabina parpadeaban suaves, los tres hombres supieron que no había vuelta atrás. Que esta vez no era solo venganza. Ahora llevaba más que protección por una familia, por una gran familia con una promesa de que, cuando ellos regresen con el amor que les espera, lo harían con las manos limpias... o manchadas, pero... Pero siempre con la certeza de que sus mujeres e hijos estarían a salvo, y no pretendían fallar, no les van a fallar a sus mujeres, a sus familias, y además... quieren convertirse en un buen ejemplo para sus hijos, sobre todo Dimitri con su pequeña princesa que no quiere juegos con ella, oh no, ella es su mundo ahora y quiere todo lo mejor para ella. Estos tres hombres han decidido ser capaces de acabar con un imperio entero, uno que es incluso el doble o quizá triple de poderoso de lo que Viktor pudo ser en su momento mafioso, pero saben que son capaces de lograrlo si se lo permiten. Así que por ahora, espera ahí, Krasnova... que pronto te encontrarás con el cancerbero de tres cabezas.






