MARCO
Mis ojos se entreabrieron, la luz del sol que entraba por las ventanas casi me deja ciego.
Los volví a cerrar un momento mientras el dolor en mi cabeza se intensificaba.
Joder.
Las imágenes de lo que había sucedido se reprodujeron en mi cabeza, haciéndome saltar de la cama.
¡Dante me había disparado!
Todo mi cuerpo me dolía, pero no era nada comparado con lo furioso que estaba.
Ignoré el dolor, tratando de ponerme en pie cuando la puerta del baño chirrió.
Ahí estaba él.
Ese maldito traido