MARCO
Le pasé los expedientes a Dante, que estaba sentado frente a mí, mientras un suspiro de cansancio escapaba de mis labios.
—Ya revisé todo esto y di la orden para que se envíe la mercancía —comencé, con la voz ronca—. El cargamento de España llega esta noche. ¿Están los muchachos listos para recibirlo?
—Sí. De hecho, ya están esperando en el puerto —murmuró él, ojeando los archivos.
—¿Y lo de Sergio? ¿Ya encontraste comprador? Necesito que se venda antes de la próxima semana.
—Estamos nego