Al llegar al hospital, Sergio se ocupó de los trámites mientras Rubén subía directo a la habitación. Liliana ya le había quitado las sondas a su paciente, y solo esperaban que él trajera la ropa para terminar de alistarla.
Rosanna lo recibió con una sonrisa suave; el analgésico aún nublaba su mirada, y su voz sonaba más pausada de lo habitual.
—¿Quieres que te ayude? —ofreció Rubén al notar que ella observaba las prendas como si fueran un acertijo indescifrable.
—¡No! No… yo… yo puedo… me vesti