—A veces creo que sí tienes cerebro —dijo después de una pausa. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro sin que pudiera evitarlo.
—No soy solo una cara bonita —respondió Sergio con las cejas elevadas en un gesto presumido que los hizo reír nuevamente.
La idea era una verdadera locura. Una barbaridad. Rubén apenas lidiaba con la culpa por haber permitido que su esposa sufriera, ¿y ahora planeaba aprovecharse de la situación? Impensable. Y, sin embargo, los posibles resultados eran demasiado