Liliana se acercó con suavidad y habló en tono bajo. Le ofreció su mano sin tocarla, guiándola con palabras pausadas, intentando anclarla al presente mientras la angustia la desgarraba por dentro. Rosanna apenas lograba mantener los ojos enfocados; su pecho subía y bajaba con violencia, moviendo los brazos como si luchara contra algo invisible. Parecía atrapada en una pesadilla.
Cuando vio que no era suficiente, la doctora le administró un relajante leve y le pidió que intentara cerrar los ojos solo un momento y respirar. Rosanna dio una, dos, tres… inhalaciones entrecortadas, como si su pecho no pudiera expandirse del todo. Luego, su mirada se perdió en el techo por unos segundos interminables, hasta que el temblor comenzó a ceder, poco a poco, como una tormenta que se retira sin pedir disculpas. Finalmente, su cuerpo exhausto se rindió, y se dejó caer contra la almohada con los párpados pesados.
Rubén intentó tomarle la mano, pero ella la retiró con brusquedad en un acto reflejo, co