—Hola, Rosanna. ¿Cómo te sientes? —Rubén adoptó su voz más amable y la mejor sonrisa que podía fingir.
—Ho-hola. Bien… C-creo. —La voz temblorosa casi lo hizo soltar una carcajada. Diablos. Resultaba cómico imaginar a su Rosanna comportándose así… como una colegiala asustada.
Sus lesiones habían mejorado mucho. Los hematomas en su rostro ya lucían amarillentos, las vendas en sus manos eran más pequeñas y no tenía ningún tubo conectado. Aunque seguía demacrada. Rubén dio pasos lentos hacia la ca