El momento que Rosanna llevaba esperando durante el último año por fin había llegado.
No podía seguir fingiendo. Las noches con Rubén, esas que alguna vez fueron su alimento favorito, puro placer y lujuria, ahora la hacían sentirse prisionera en su propia cama. Eran una rutina insoportable. Solo quería sentir las manos de Kamal sobre su cuerpo, esos labios calientes que la devoraban sin pedir permiso, sin esperar nada más que rendición.
Al principio, casarse con Rubén había sido un sueño hecho