–Lo siento –dijo Aileen, sus ojos totalmente abiertos –, solo queríamos saber si estaban bien. Se dio la vuelta, vio a una Marla avergonzada y se limitó a decirle –: volvamos abajo, creo que estamos interrumpiendo.
Minutos después, totalmente empapadas, Aileen y Marla no tardaron en cambiarse de ropas. En medio de la tensión creada por lo visto en la sala de control del faro, a Marla le pareció llamativa la manera cómo el vestido prestado por Aileen lucía en su cuerpo.
–¡Nunca me