–¡Esto es de locos! –dijo Martín antes de saborear su cerveza, su mirada fija en los ojos de Pablo.
Se encontraban en el “Black Dog”, el reloj marcaba las ocho de la noche, la música country sonaba, y Pablo había permanecido en su silla durante los últimos veinte minutos haciendo un relato pormenorizado de los hechos ocurridos, unas horas antes, con las gemelas griegas en el borde del acantilado.
–Jamás me imaginé que algo así me fuera a suceder…
–Son unas muchachas hermos