Por fortuna, Alexander fue rápido y logro esquivarla; haciendo que la botella se estrellara contra la pared a sus espaldas.
—¿Qué demonios crees que hacer? —trato de entender.
—¿A ti que te parece? Solo trato de defenderme, así que déjame salir de aquí o te juro que destruiré todo este lugar y sabes que soy perfectamente capaz de hacerlo —le advirtió, más que furiosa.
—No te atrevas —intento detenerla.
—Entonces déjame salir de aquí —deseo negociar.
—No puedo —admitió.
—¿Cuándo entenderás qu