—¿Esperarme? —Luciana parpadeó, incrédula—. Pero te dije que no volvería.
—Lo sé. —Alejandro dejó escapar una risita baja—. Aun así quise esperar.
Señaló el antiguo reloj de pared—. Mira, al final regresaste… aunque un poco tarde.
Ella bajó la mirada, la voz se le hizo casi un susurro.
—No… no hagas esto.
—¿No hacer qué? —preguntó él, inclinando la cabeza.
—No… —mordió su labio, algo turbada—. No me esperes de esa forma.
—¿No esperarte? —sus ojos se oscurecieron—. ¿O… no tratarte bien?
“Esa pr