No entendía cómo Luciana podía bromear sobre semejante tema.
—¿De veras no te incomoda eso?
—¿Por qué lo haría? —Luciana alzó los hombros. Qué manía de cuestionarle siempre lo mismo. Lo irónico era que Luisa también lo toleraba, pero por razones opuestas: la propia Luciana no sentía amor, mientras que Luisa parecía amar demasiado.
Los ojos de Luisa se inyectaron de rabia:
—¿Entonces no lo amas?
—¿Amar al señor Guzmán? ¿Perder la vida así? —Luciana negó con firmeza—. Es que ni loca.
Ser la “amant