—Cometí errores, lo sé, pero tu vida está llena de mujeres. No te hago falta. Si te cansas de una, te sobran candidatas nuevas…
—¡Luciana! —gruñó él, mordiéndose la frustración.
Sí, así lo veía ella. Y por eso, tres años atrás, había desconfiado de cada promesa y había huido.
Explicaciones sobran, pensó él con amarga resignación. Las promesas que una vez ardieron en su voz ya no significaban nada.
Forzó una sonrisa templada.
—El caso es que sólo tú te atreviste a soltarme la mano. Y será sobre t