Esta era la primera vez que Luciana publicaba algo desde que se hicieron amigos.
Fernando miró por la ventana. Con el tifón que se anunciaba esa noche, ¿Luciana estaba sola en Pomacollo? Sin pensarlo dos veces, agarró su abrigo, el teléfono y las llaves del auto antes de salir apresuradamente.
—Fernando, ¿a dónde vas?
La voz que lo detuvo era la de su madre, Victoria.
Fernando se detuvo, con un tono cargado de frialdad:
—Ya soy adulto, ¿necesito tu permiso para salir?
—Eso no es lo que quiero de