—Fernando.
—Luciana —dijo él con una ligera sonrisa, más rápido que ella para saludar—. Cuánto tiempo sin vernos.
—Sí… Ha pasado un buen rato —respondió Luciana, aun sabiendo que, en realidad, no había sido tanto.
Sin embargo, el cambio en Fernando era evidente. Cada vez que lo volvía a encontrar desde que terminaron, lo notaba más delgado. A Luciana se le revolvían las emociones al verlo así; no encontraba palabras para describir ese nudo en la garganta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, tratando de