Al enterarse de que Luciana iría a Isla Minia, Martina no pudo evitar preocuparse.
—¿No sería mejor explicarle la verdad a Alejandro?
Luciana negó con la cabeza, esbozando una sonrisa tranquila.
—Es mi bebé, y él no tiene por qué asumir esa responsabilidad. Mientras menos sepa, mejor.
—Luciana… —Martina la rodeó con los brazos, sintiendo un nudo en la garganta—. Si te sientes mal en cualquier momento, prométeme que me llamarás, ¿sí?
—Está bien —aceptó Luciana con una ligera sonrisa.
***
A las cu