Al día siguiente, Luciana tenía programada una cirugía dentro de su proyecto de investigación. Su apetito estaba mejor que nunca, comía y dormía bien, y su ánimo era excelente. Sin embargo, esos procedimientos eran largos, y dejó su teléfono guardado en el casillero de la sala de personal, sin que ella se percatara de que no paraba de sonar. Finalmente, la llamada pasó a la línea de Alejandro, quien seguía en el extranjero.
—¿Señor Guzmán? Buen día —dijo una voz femenina al otro lado.
Era la clí