¿La iba a golpear?
Luciana lo miró fijamente, sin siquiera pestañear. Pero en lugar del dolor que esperaba, lo que escuchó fue un sonido sordo.
El brazo de Alejandro pasó rozando su mejilla, y su puño se estrelló con fuerza contra la pared detrás de ella.
El golpe resonó con fuerza, el impacto tan violento que Luciana pudo escuchar el crujido de sus huesos contra el concreto.
Pequeñas partículas de yeso y polvo cayeron de la pared, evidenciando el daño.
Había puesto toda su fuerza en ese golpe.