—Claro, primo.
—Luciana, vámonos.
Juan abrió la puerta del auto, y Luciana subió. En pocos minutos, el vehículo arrancó y desapareció en la carretera.
La partida de Luciana fue un alivio visible para Mónica. Mientras Alejandro no estuviera con ella, todo estaba bajo control.
Luego, Alejandro acompañó a Ricardo, Clara y Mónica al auto y se aseguró de que subieran.
—Maneja con cuidado —indicó al conductor—. Llámame cuando llegues para confirmarme que todo está bien.
—No se preocupe, señor Guzmán.