Mostró su tarjeta del comedor con una sonrisa.
Fernando, sabiendo que ella prefería mantener las cosas informales, aceptó. Fueron juntos a la cafetería; él se encargó de servir la comida mientras Luciana buscaba una mesa.
—Para ti —dijo él, poniéndole otra porción de sus bolitas de carne favoritas—. Come todo lo que quieras; lo que dejes, me lo termino yo.
—Gracias —respondió ella con una sonrisa, tomando una papita frita mientras lo miraba con una mezcla de ternura y resignación. Finalmente, su