Alejandro apenas cruzó el umbral del salón cuando fue recibido con un grito.
—¿Volviste solo? —Miguel, apoyado en su bastón y sostenido por Felipe, lo miraba con el ceño fruncido y los ojos encendidos—. ¿Dónde está Luci?
Alejandro arqueó una ceja. ¿Ya lo sabía? Claro, un asunto así no se podía ocultar. Sabía cuánto apreciaba su abuelo a Luciana, pero él mismo aún estaba lleno de rabia.
—Se fue. Y no creo que regrese.
—¡Tú! —Miguel, indignado, levantó el bastón con furia, dispuesto a lanzarlo.
—¡