Alba miraba a su papá y luego a su mamá.
Al entender que su mamá era más “autorizada” que su papá, tomó obediente su cubierto de niña y se comió, sin protestar, la porción diaria de verduras.
Después de la cena, Luciana se había dispuesto a irse.
Alba se le colgó del cuello.
—¿A dónde vas, mamá?
Luciana cruzó una mirada con Alejandro.
Alba aún era pequeña; a esa edad, aunque se le explicara, quizá no iba a entender. Querían que, con el tiempo, ella asimilara y comprendiera la relación de sus pad