Martina, confundida, miró a su amiga.
—Lo sé, ¿qué pasa, Luci?
—Nada... —Luciana, nerviosa, cambió de tema—. Oye, ¿no tienes que hacer algo ahora?
—¡Ah! —exclamó Martina, dándose cuenta de la hora y mirando su teléfono—. Tengo que irme a trabajar. ¡Nos vemos, Luciana!
Martina se despidió con una sonrisa y un rápido gesto de mano hacia Alejandro.
—¡Hasta luego, señor Guzmán!
Dicho esto, se fue corriendo.
Sin decir una palabra, Alejandro giró sobre sus talones y caminó rápidamente hacia el coche.