La ceremonia de compromiso fue solemne y bulliciosa a la vez. Para ser “solo” la pedida, hasta vino el director de doctorado de Martina como testigo, y el maestro de ceremonias fue el tercer hermano de Salvador, Santiago Morán, en persona.
Las dos familias compartían mesa entre risas. En especial la señora Morán, que tomó de la mano a la mamá de Martina, con los ojos todavía húmedos.
—Consuegra, tranquila. No tengo hijas —desde hoy Marti es mi hija—. Y a mis nueras siempre las consiento más que