Alzó la vista. Era Alejandro.
El desconcierto la invadió. ¿Qué hacía él aquí?
Alejandro echó un vistazo alrededor, su rostro era una máscara de indiferencia, pero sus palabras cortaban el aire con fuerza:
—¿Y él? ¿Dónde está?
¿Él? Luciana lo miró, desconcertada. No entendía.
Al darse cuenta de que ella estaba sola, la ira en Alejandro comenzó a hervir.
—¿Fernando no te acompaña en esto? —escupió las palabras, cargadas de resentimiento.
De repente, todo cobró sentido. Alejandro pensaba que el beb