Capítulo 1148
—Recuerdo que aquel día estaba lloviendo. Ella me gritó: «¡Oye! ¡Está lloviendo! ¿Por qué no entras? ¡Así te vas a enfermar!».

—Yo andaba de pésimo humor y no le contesté, pero no me dejó ahí plantado; se trepó la barda, llegó hasta mí y empujó mi silla bajo el alero…

Uno a uno, los recuerdos se fueron desprendiendo de sus labios.

Desde la primera frase la expresión de Luciana cambió.

A medida que lo escuchaba, primero se le enrojecieron los ojos, luego se le humedecieron las pestañas y, sin dar
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