Los guardias rodearon a Luciana. Dos de ellos intentaron sujetarla.
—¡No me toquen! —Luciana los detuvo con un grito, tambaleante, apoyándose en su brazo herido para ponerse de pie.
—¡No creas que te vas a escapar! —Eileen se plantó frente a ella, una sonrisa fría asomando en sus labios—. Le pegaste a Mónica, las cámaras lo grabaron todo. ¡Ya llamamos a la policía!
Pero lo que Eileen no esperaba fue la reacción de Luciana. Con una leve sonrisa sarcástica, ella respondió:
—¿Ah, sí? Perfecto. Aquí