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El cielo apenas clareaba cuando Alejandro abrió los ojos y vio a Luciana dormida, inclinada sobre el borde de la cama.
Una oleada repentina de alegría le inundó el pecho.
¿Luciana había venido y se había quedado a su lado toda la noche?
Tenía heridas en la cabeza y el pecho, pero podía mover brazos y piernas. Con la pierna acercó la manta, la desplegó con las manos y, con esfuerzo, la acomodó sobre Luciana.
Aun así, ella no despertó.
Al parecer estaba agotada de cuidarlo la noche anterior.
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