Las palabras de la asistente sobresaltaron a los dos que estaban dentro. Mateo miró directo hacia la puerta y, al ver a Lucía parada allí, de inmediato soltó a Camila. Lucía, al ser descubierta, se sintió un poco desconcertada. Bajó con timidez la cabeza para evitar la mirada y comenzó a retroceder lentamente.
Al verla irse, Mateo se apresuró a seguirla:
—¡Lucía!
Lucía caminaba muy rápido, sin saber cómo enfrentar a Mateo. Pero él la alcanzó y la tomó de la mano. Lucía se dio la vuelta; sus ojo