Ella le estaba facilitando las cosas, él debería mejor estar contento. Quizás su orgullo estaba interviniendo en este momento, sintiéndose avergonzado de que fuera ella quien tomara la iniciativa.
La mirada de Mateo se apartó de inmediato de ella mientras hablaba con frialdad:
—Es hora de trabajar.
Lucía comprobó la hora; eran las 9 en punto, el inicio oficial de la jornada laboral. No pudo contener en ese instante una risa sarcástica; él era increíblemente puntual y no le permitía ni un solo se