Tania mostró un semblante rígido: —Señor Rodríguez, tuve un pequeño desacuerdo previo con su señorita Díaz, y sumado a lo de ahora, creo que de diez personas, al menos siete pensarían que lo hizo a propósito.
—Y por cierto, ¿en serio no recuerda quién soy?
Mientras hablaba, Tania perdía cada vez más el control.
La mirada de Mateo era fría, e incluso transmitía severidad: —No necesito que me diga cómo son mis empleados. E incluso si fuera cierto, ¿qué importa?
Con esa frase, Mateo dejó a Tania si