Lucía no esperaba que Tania no sujetara bien el pocillo.
—Señorita Cruz, está malinterpretando las cosas. No le guardo ningún rencor. Fue usted quien no sostuvo bien la taza —dijo Lucía con calma.
Miró directamente a los ojos negros de Tania, mientras un destello de colera cruzaba su propia mirada.
—¿Que no la sostuve bien? ¿Cree que no puedo sostener una simple taza de té? Señor Rodríguez, vine con la mejor intención de discutir nuestra colaboración, ¿y su secretaria es así de arrogante? —Tania