—Aparte de este lugar, Lucía no tenía adónde ir.
La voz de Mateo revelaba una gran determinación, incluso con un toque de frialdad.
Ella se incorporó de golpe.
Se dio cuenta de que ya había amanecido.
La voz burlona de Mariana volvió a sonar: —Mateo, ¿no te parece ridículo lo que estás diciendo?
No era un sueño, Mateo había venido.
Se levantó de la cama y salió corriendo de la habitación.
Vio a Mateo y Mariana frente a frente en la sala. Mateo llevaba hoy una camisa gris humo. Mariana, con apena