Mateo podía ser dulce o cruel, pero ni imaginar siquiera mencionar el divorcio.
Lucía intentó retirar la mano, pero él la sujetó con más fuerza: —Lucía, no te pongas así.
Lucía con estas palabras se sintió aún peor: —¿Ahora resulta que me estoy poniendo difícil? Si piensas igual que tu madre, puedo perfectamente devolverte los doscientos mil dólares.
—Lucía, ¿de dónde vas a sacar doscientos mil dólares? —Mateo no le creía.
Mientras tanto, el coche avanzaba poco a poco. Las puertas estaban bloque