— ¿Dices que estuvieron forcejeando más de diez minutos? —preguntó Mateo frunciendo el ceño con voz severa—. ¿No había nadie durante todo ese tiempo? Al final, fue ella quien cayó accidentalmente.
— En la habitación solo estaban Camila y Karen —explicó la asistente con voz débil, temerosa de ser culpada—. Pensé que era una simple conversación, nada grave. En cuanto a los guardaespaldas que protegen a Camila, casualmente ese día ella los había despedido a todos.
Como asistente de Camila, sentía q