—¡Tengo dinero, no me lastimen!
Lucía estaba empapada en sudor, sintiéndose completamente mojada mientras jadeaba desesperadamente, pronunciando lo primero que se le vino a la mente para salvaguardar su vida. Cuando su vista se aclaró, observó su entorno: estaba en una habitación desordenada con las manos atadas, y al reconocer a la persona frente a ella, palideció.
—Tío —murmuró.
Diego la miró con frialdad.
—¿Ahora sí me llamas tío?
Lucía no esperaba que llegara a este extremo, capaz de secuest