Si ella no lo aceptaba, Carolina lo haría, y no podía ir contra su voluntad, así que definitivamente no sería la villana en esta historia.
Pasado un rato, sonaron unos golpes en la puerta.
Karen, en su habitación, preguntó al oír el ruido:
—¿Quién es?
—Soy yo, Camila.
Karen dudó un momento, pero finalmente abrió la puerta.
Camila estaba parada en el umbral con un tazón de sopa en las manos y le sonrió amablemente:
—Como no bajaste, te he traído un poco de sopa. La preparó la señora y huele muy b