—¿Quién era? —preguntó Lucía, quien ya lo sospechaba.
—No sé su nombre, no tuve tiempo de preguntárselo —respondió Lily desconcertada—. Solo vi que era una joven. ¡Qué boba fui en confiar en una desconocida! —lloró con más fuerza al darse cuenta de que había sido manipulada.
Adriana, incapaz de soportar los insultos, dijo entre lágrimas: —¿Ahora qué voy a hacer? Estoy acabada, nadie me dará prácticas, ninguna empresa me querrá. Lucía, por favor, ayúdame. Ya no haré las prácticas en Grupo Rodrígu