Esa figura le resultaba muy familiar.
No quería precipitarse en sus conclusiones, solo acercarse para ver con claridad quién era. Al llegar al borde de la calle, alguien la sujetó del brazo.
—¡Lucía, por favor, perdóname esta vez! ¡Nunca más volveré a hacerte daño, reconozco mi error! —suplicaba Lily, temiendo ser llevada por la policía y acabar en prisión. Si Lucía la perdonaba, podría evitarlo.
—Suéltame — le exigió Lucía.
Quería perseguir a aquella persona que se alejaba cada vez más. Se sacu