En ese momento, Mateo regresaba de un viaje por fuera del país, pero se encontró el montón de reportes de trabajo esperándole.
—Señor Rodríguez, está todo organizado para empezar la entrega a la una de la tarde.
Mateo miró hacia donde Lucía trabajaba ocupada y la llamó con tono distante: —Señorita Díaz.
—¿Sí, señor Rodríguez?
—Si no tiene otros compromisos, por favor tenga usted la amabilidad de acompañarnos esta tarde.
Todos los presentes se sorprendieron. Era un trabajo de por si bastante pesa